Autorretrato 


Le he temido tanto a este momento. Nunca antes una hoja en blanco me causó tanto pánico. Sabía que debía iniciar de cero, pero no supe – no sé-, cómo. Mi blog anterior se convirtió en lo que una vez lo designé por querer parecer chistosa. “Es un cementerio. Si alguna vez escribo sobre vos es porque ya estás muerto y enterrado.” En realidad no era así, lo/s seguía amando, con toda la locura que me duraba tres segundos o dos años, nunca más de eso. Escribí historias que llegaron en algún café de Tegucigalpa. En los veranos sofocantes de Olancho y otras que simplemente robé de algunos transeúntes.

Ahora que lo releo no lo soporto y no me reconozco. Ya no puedo acordarme de esa niña de dieciocho deslumbrada por cosas que hoy me parecen demasiado aburridas y esnobs. La veo con ternura. Le agradezco y la abrazo, pero ya no soy ella. Y hoy, finalmente, la estoy dejando ir.

Hace un año me fui de este mismo lugar, pero de alguna manera seguía viviendo aquí. Trato de recordar las razones por las que quería irme y sólo encuentro una: libertad. Tenía un trabajo que me agobiaba el noventa por ciento del tiempo y en él, algunos rostros que no soportaba ver todas las mañanas. Quería dedicarme a escribir relatos pero tenía miedo de quedarme sin comer y ser la burla de mi familia (aún tengo chance de serlo). Salvo algunas excepciones, estaba harta de mi círculo de conocidos y “amigos”, millenials, pretensiosos y hipsters. Revolucionarios de cafés que siempre tienen una opinión para todo y tratan de disminuirte con ideas que ni siquiera son propias. También estaba a la mitad de una relación con un hombre, cuyo temperamento sacaba lo peor de mí. Inconscientemente estaba huyendo de él y de todo aquello. Quería ser libre y se me ocurrió que debía mudarme a Buenos Aires. Lo hice todo en tiempo récord, renunciar al trabajo, dejar mi primer departamento, mis libros, decirle no a mi etapa escribidora. Dejé todo, excepto la relación y morí en el intento de hacerla funcionar.

Cuando soltás todo y te vas, las personas que dejás atrás nunca van a entender-ni te van a perdonar- el hecho de haberte ido, incluso cuando te digan que no es así, incluso cuando ellas mismas lo hicieron o, en su momento, también lo harán. El proceso de dejar volar y soltar a alguien te va creando una especie de resentimiento que después convertís falsamente en buenos deseos. Esta ley no aplica para tu mamá, el único ser que te va a querer aunque seas una parásita y una vaga toda tu vida.

Aprender a aceptarme es un largo camino que apenas estoy asumiendo. Aprender a dejar ir la que fui y todo lo que eso implica, es una tarea que me ha costado hoy día ir a comprar ansiolíticos y antidepresivos a la farmacia. No es ser egoísta, o quizás sí. No es aferrarse, no es apego ni dependencia, o quizás sí. Es el miedo representándose en esta nueva etapa de la vida donde nada te conforma ni te hace cien por ciento feliz. No existe crisis de los veinticinco o de los treinta. En todas las edades se sufre. La diferencia es que ahora tenés un Facebook, un Instagram y un Twitter para recordártelo todos los días y para hacerte ver la vida más jodida de lo que realmente es.

Para hacérmelo ver más claro. El otro día, mientras estaba en una mega cola para salir de Teguz, con el aire a mil porque afuera el diablo se andaba pasando, puse una canción y me solté a llorar sin parar después de estar relativamente tranquila. Me odié. Seguí llorando hasta que pude salir de ahí. Está en mi mente, me dije. Pero por supuesto que está en tu mente ¿dónde putas más va a estar?. El dolor emocional es real, se siente y es necesario aliviarlo. No sé si me funcionarán las pastillas, por eso escribo. Escribo porque no puedo pagar un terapeuta. No me refiero precisamente a este post. Escribo pequeñas líneas, ensayos, cartas que nunca llegan al destino, escribo todo lo que se me ocurre y todo lo que siento. La punzada en la panza es lo más frecuente. Pero cuando lo hago, no siento que esté mejor, pero siento alivio y me voy a dormir.

La semana pasada me leí un libro de Simone de Beauvoir, La mujer rota. El primer texto literario que leo de ella. Me lo devoré tan rápido como pude. Me dejó triste, impaciente, colérica. Continué con Sartre, quien mejoró notablemente mi ánimo y ahora leo La Peste de Camus, el único libro que le pude robar a don Pato, mi primer casero en Baires. Así es, mi crisis millenial existencialista me la estoy curando con dosis altas del club de los existencialistas franceses, además de los medicamentos y las cervezas, claro está.

No es fácil conocerse. Mucho menos deconstruirse para tratar de convertirnos en lo que queremos ser. Para eso es necesario soltar al mar un montón de pendejadas, a un montón de gente, y a tus antiguas vos. Llamale narcisismo patológico, no importa. Ahora sé y entiendo que lo mejor que podes hacer en toda tu vida es saber quién sos. Una se ahorraría dolores de cabeza, raspones y vacíos en la panza. ¿Qué persona consciente de lo que es va a regalarle su dinero a un psiquiatra o vidente? Nadie. O al menos no todos.
La vida ya es suficientemente dura como para estarle coqueteando al abismo cada vez que fracasás. Insisto, no creo que sea egoísmo, no encuentro viable irme dos meses a la India a meditar y regresar amando al mundo. No tengo la plata – ni el ánimo- para convertirme al vegetarianismo, hacer yoga tres horas al día y olvidar que existen los demás. Resuelvo como mejor sé hacerlo. Esa es la mayor ventaja que le encontré a mi vieja bitácora que hoy estoy dejando.

Ahora voy aquí, no menos perdida que antes. Pero voy y es lo importante. Entendiendo que el ritmo de las cosas no es igual al que va en nuestra cabeza. Que esta mala racha se va ir al unísono del verano y sus impacientes chicharras ensordecedoras. Que la mala noticia es que nada te dura para siempre y la buena noticia es que tampoco nada dura para siempre.


17 thoughts on “Autorretrato 

  1. No tengo para pagar un terapeuta, pero si te puedo decir con certeza que hoy y mañana y pasado mañana esas cervezas no serán en vano… Dejame felicitarte y decirte que necesito alimentes más a este ego olvidado con tu lectura… Que Dios te bendiga y te siga dando más de esto por favor.

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  2. ¡Wow! Bonita publicación Lisbeth, la vida es un constante aprendizaje, en donde el miedo a veces o casi siempre, se convierte en nuestro peor enemigo. Pero si tienes miedo; hazlo con miedo.

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  3. “El infierno de los vivos no es algo por venir, hay uno, el que ya existe aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Hay dos maneras de no sufrirlo, la primera es fácil para muchos: Acepta el infierno y volverse parte de él hasta el punto de dejar de verlo. La segunda es arriesgada y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quien y que, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure, y dejarle espacio” (Calvino, 1972).

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  4. “Cuando soltás todo y te vas, las personas que dejás atrás nunca van a entender-ni te van a perdonar- el hecho de haberte ido, incluso cuando te digan que no es así, incluso cuando ellas mismas lo hicieron o, en su momento, también lo harán.”

    ¡Buenísimo!

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  5. Muy buena reflexion de la vida del amor de los amigos y del trabajo que dia a dia nos agobia y nos lleva a la locura y a la frustacion diaria del vivir como humanos, solo esta en nosotros el vernos difierentes y hacer algo al reapecto como lo hiciste vos, el miedo al cambio y al que diran es el que nos hace sentir débiles y nos frusta, solo queda actuar y lo mejor saber cuando.
    Te felicito por este artículo le puedo decir? y espero leer mas bendiciones y exitos.

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